EL EVANGELIO DEL DOMINGO

Lectura del santo evangelio según san Juan (15,1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra del Señor

Feliz domingo

Feliz domingo.

Cristo resucitado se nos sigue manifestando con la enseñanza de su palabra y con su cercanía en nuestras vidas.

Hoy escuchamos su voz: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador”. Estas palabras de Jesús nos animan a estar siempre muy unidos a Él para de esta forma poder dar frutos, frutos de vida y santidad.

Es necesario estar unidos al Señor para tener vida. La oración, los sacramentos y la práctica de la caridad son los medios ordinarios por los que Dios nos da su gracia. Si no permanecemos unidos a la vid es imposible dar frutos. De vez en cuando nos viene bien una reflexión sobre la oración (nos puede ayudar los que dice el Catecismo) y descubrir su grandeza, su importancia y su diversidad: oración pública y privada, oración litúrgica o popular, oración con los salmos o con los grandes maestros, oración al Padre por el Hijo en el Espíritu, oración a la Virgen y a los Santos, oración de alabanza, de súplica, de petición de perdón, de petición de dones, de acción de gracias, de contemplación…, un mundo inagotable. También nos viene bien valorar y profundizar en los sacramentos que recibimos habitualmente, la Reconciliación y la Eucaristía, para que el hábito bueno de recibirlos nunca caiga en la repetición rutinaria.

Unidos a la vid, daremos frutos. Hoy el Apóstol Juan nos da la clave: “No amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras… Quien guarda los mandamientos permanece en Dios y Dios en él”. Hacer vida esta palabra nos va llevando por el camino de la santidad.

El 1 de mayo conmemoramos a San José Obrero. Una relectura de la Carta Apostólica sobre San José del Papa Francisco nos puede enriquecer con alguna de sus ideas:

• La ternura. Así es nuestro Dios. Dice el Salmo: “Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por sus fieles”. La ternura, la misericordia, la capacidad de perdonar no son debilidades. Solo ofrecen el perdón los que se sienten fuertes en el Señor. Dice una oración litúrgica: “Oh Dios que manifiestas tu poder en el perdón y la misericordia”. ¿Dónde está el poder de Dios?
• La obediencia a la voluntad de Dios llevó a San José a acoger a María y al Niño y a ocupar un papel singular en la obra de la salvación. Solo entrando en la voluntad de Dios encontraremos felicidad. Solo acogiendo a los que Dios va poniendo en nuestro camino iremos caminando hacia Él.
• El trabajo como medio y camino de santificación. El trabajo nos permite desarrollar las capacidades que Dios nos ha dado, es el medio ordinario para ganar honradamente el sustento nuestro y de nuestra familia, sin olvidar el compartir con los necesitados, y de alguna forma es colaborar con Dios en la implantación de su Reino a través de las virtudes de la justicia, la verdad, la paz, la honradez, la caridad. Me viene a la memoria una canción de catequesis de hace ya años que decía: “trabajar es colaborar con el Señor, para hacer un mundo más feliz, trabajar es parecerse a Dios, que hizo el Universo por amor”.

Que Santa María la Virgen, al comenzar el mes de mayo, nos lleva de su mano, nos proteja del mal y nos acompañe.

Un saludo. Alfonso.