Orar por nuestros difuntos es una obra de amor
Noviembre es un mes especialmente dedicado a recordar y rezar por nuestros difuntos. En torno a la solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, la Iglesia nos invita a hacer memoria de quienes nos han precedido y a renovar nuestra esperanza en la vida eterna.
En nuestra parroquia celebramos cada día la Eucaristía. En ella damos gracias a Dios, presentamos nuestras necesidades y ponemos ante el Señor la vida de tantas personas que queremos.
Pero también podemos ofrecer la Santa Misa por nuestros difuntos.
A veces pensamos en ellos especialmente cuando llega el aniversario de su fallecimiento, su cumpleaños o el día de Todos los Fieles Difuntos. Sin embargo, la Iglesia nos recuerda que podemos rezar por ellos en cualquier momento del año.
LA MUERTE NO ROMPE LA COMUNIÓN
Los cristianos creemos en la comunión de los santos. La muerte no rompe los vínculos de amor que existen en Cristo.
Por eso, desde los primeros siglos, la Iglesia ha rezado por quienes han muerto y ha ofrecido sufragios por ellos, especialmente la Eucaristía.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
«Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, particularmente el sacrificio eucarístico» (CEC 1032).
Cuando ofrecemos una Misa por un difunto estamos poniendo su vida y su esperanza en las manos de Dios.
«QUE EL AMOR PUEDA LLEGAR HASTA EL MÁS ALLÁ»
Benedicto XVI nos dejó una hermosa reflexión en su encíclica Spe salvi:
«Que el amor pueda llegar hasta el más allá, que sea posible un recíproco dar y recibir, en el que estamos unidos unos con otros con vínculos de afecto más allá del confín de la muerte, ha sido una convicción fundamental del cristianismo de todos los siglos» (n. 48).
El mismo Benedicto XVI, en Sacramentum caritatis, recordó expresamente la importancia de la oración de sufragio por los difuntos y, en particular, de la celebración de santas Misas por ellos (n. 32).
La Eucaristía nos hace vivir así nuestra esperanza cristiana: esperamos la resurrección y el encuentro definitivo con quienes nos han precedido en la fe.
LA MISA: EL MEJOR SUFRAGIO
El papa Francisco también nos ha recordado la importancia de esta tradición de la Iglesia. En el Ángelus del 2 de noviembre de 2014 afirmó que ofrecer la celebración eucarística por los difuntos es «la mejor ayuda espiritual que podemos dar a sus almas, especialmente a las más abandonadas».
Por eso, una Misa por nuestros difuntos no es simplemente un recuerdo.
Es una oración.
Es un acto de fe.
Es un acto de esperanza.
Es un gesto de amor.
UNA PROPUESTA PARA ESTE MES DE NOVIEMBRE
En nuestra parroquia celebramos dos Misas cada día.
Con frecuencia algunas de estas celebraciones no tienen una intención concreta por un vivo o por un difunto.
Por eso queremos aprovechar este mes de noviembre para recuperar y dar a conocer entre todos una hermosa tradición de la Iglesia:
OFRECER UNA MISA POR NUESTROS DIFUNTOS
Puedes encomendar:
– A tus padres y abuelos.
– A un esposo, esposa o familiar.
– A un hijo, hermano o amigo.
– A alguien que haya fallecido recientemente.
– A quienes quizá ya nadie recuerda.
– A los difuntos de nuestra familia.
– A las almas del purgatorio.
También podemos ofrecer la Eucaristía por personas que están vivas: por un enfermo, por alguien que atraviesa una dificultad, por una familia, por un aniversario, por una acción de gracias o por cualquier otra necesidad.
NO DEJEMOS QUE NUESTROS DIFUNTOS CAIGAN EN EL OLVIDO
Quizá hay alguien que hace tiempo que no hemos encomendado al Señor.
Este mes puede ser una buena ocasión para detenernos, recordar su vida con gratitud y poner nuevamente su nombre ante Dios.
Recordarlos.
Dar gracias por sus vidas.
Pedir por ellos.
Encomendarlos al Señor.
Porque para un cristiano, el amor no termina con la muerte.
UNA MISA POR QUIENES AMAMOS
Si deseas encomendar a una persona a la Eucaristía, puedes acercarte a la parroquia y solicitar una intención de Misa.
La Eucaristía no tiene un precio. La ofrenda que pueda acompañar la petición de una intención es una colaboración con la Iglesia y con su misión, nunca el precio de la Misa.
Lo verdaderamente importante es que pongamos juntos ante el Señor a las personas que amamos y confiemos en su misericordia.
PARROQUIA SANTA BEATRIZ DE SILVA – TOLEDO
«Que el amor pueda llegar hasta el más allá».
Benedicto XVI, Spe salvi, 48.
